Inesperada, inmerecida e injusta. Sólo se me ocurren esos calificativos a la dura derrota y consecuente eliminación del Eurobasket que sufrió el otro día la selección femenina de baloncesto (#selecfem para los amantes de twitter).
Desde el comienzo del campeonato, incluso desde antes, se hablaba de que esta selección podía cuanto menos conseguir una medalla de bronce. Sin embargo, no conseguimos alcanzar la lucha por las medallas. Esto no sólo significa que las expectativas primarias no se han cumplido sino que nos quedamos sin JJ.OO. Demasiado castigo para unas chicas que juegan muy bien a este deporte.
La verdad es que nadie esperaba que se llegase al último partido de cuartos (modo grupos) de una manera tan apretada. O ganas o estas fuera. Pero eso da una idea de la igualdad que ha existido a lo largo del torneo.
¿Por qué la triple IN?
INesperada: Como he dicho, todos confiábamos en que España conseguiría un metal. Y la confianza no era fruto del patriotismo sino que el juego que desarrolla la selección femenina incita a tal confianza y esperanza. Por eso ha sido inesperada principalmente. Pero no sólo por eso, la plantilla está repleta de jugadoras ganadoras, con calidad y con genio lo cual hace más difícil de asimilar este jarro de agua fría.
INmerecida: Estas chicas juegan muy bien, de verdad. Os voy a ser sincero, yo soy un poco escéptico respecto al deporte femenino en general (no me interpretéis mal) y es difícil que me enganche a un campeonato femenino de casi cualquier deporte. Sin embargo, vi el primer partido y ahí me teníais aplaudiendo yo solito en el salón de mi casa partido tras partido. No se merecían que les cortasen las alas tan pronto ni mucho menos.
INjusta: Injusta e inmerecida puede parecer lo mismo. Yo me refiero a que no es justo que veteranas de la talla de Luci Pascua, Amaya Valdemoro, Elisa Aguilar o Laia Palau tengan un posible final de su carrera en la selección así. No sólo por ellas, un plantel de esta categoría, joven o veterano, merece un poco más de respeto por parte de los árbitros, que, en mi opinión no estuvieron muy acertados en fases clave del torneo. Y sí, me temo que los árbitros influyen o pueden llegar a influir de manera determinante en el deporte en general (que se lo pregunten a Mou).
Sin embargo, llorar no sirve de nada, y como no, de todas las derrotas se aprende. A pesar de que saben jugar muy bien a esto de meter la pelotita por el aro, hubo momentos en los que el juego era muy muy espeso por lo que, en vez de buscar un culpable (nunca hay un solo culpable, y no es justo culpar a una sola persona), es el momento de analizar fallos y pulirlos para futuros compromisos.
Como mensaje de esperanza (últimamente me estoy aficionando a esto) os diré que aunque, probablemente, en breves habrá un cambio generacional de peso en el que se caerán jugadoras de la talla de Valdemoro o Laia Palau, el futuro del baloncesto femenino está bien asegurado (como las manos de Iker) con nombres como Alba Torrens, Tamara Abalde o Cristina Ouviña. Chicas, tenéis que mirar al futuro y levantaros para seguir enganchando a escépticos como yo.





